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Arbeloa pudo dar con la tecla: el centro del campo de los jugones

de Daniel Cid Redondo
Real Madrid

En un centro del campo del Real Madrid en el que está faltando fútbol, Álvaro Arbeloa decidió juntar a los más peloteros. Sucedió el sábado por un corto periodo de tiempo y con el partido ya resuelto ante el Levante. Sin embargo, dejó buenas sensaciones y planteó una cuestión importante: ¿y si mezclar a los centrocampistas con mejor toque contribuye a generar juego? Quizá, casi sin querer, Arbeloa pudo dar con la clave para su sistema.

Era el minuto 61 cuando Dani Ceballos ingresó en el terreno de juego en lugar de Dean Huijsen. Desde ese momento, Aurélien Tchouaméni retrasó su posición. Pasó del pivote al centro de la zaga, junto a Raúl Asencio. El mediocentro sevillano se colocó en el lugar del ’5’, como mediocampista más posicional. Por delante de él quedaron Arda Güler y Jude Bellingham, como volantes ofensivos. De esta manera, Ceballos fue el encargado de distribuir el juego desde atrás, y los dos interiores organizaban los ataques en campo rival y llegaban al área, donde son peligrosos.

Calidad con balón, pero… ¿y sin él?

Arbeloa juntó a tres jugones en el medio en lo que, a priori, es una combinación para el disfrute y para tratar bien el balón. No obstante, por muchas ventajas que ofrezca en ataque, es cierto que puede flojear a nivel defensivo. Si bien Bellingham es muy completo y compagina técnica con físico, Güler y Ceballos quedan más desprotegidos en cuanto a músculo. El hecho de colocar a Ceballos como pivote único es beneficioso para la salida de balón, pero en el apartado defensivo es donde deja más dudas.

Difícil prescindir de un ‘escudo’

El gran perjudicado de implantar este centro del campo sería Aurelién Tchoauméni, que hasta ahora es amo y señor de la posición de mediocentro en el Real Madrid. Con el francés la duda es justamente al revés. Ofrece buen rendimiento defensivo y sujeta al equipo, pero no es tan talentoso en la visión y la creación de juego. Lo que más juega a su favor es que en los últimos años, el club blanco siempre ha tenido un escudo en el centro del campo. Casemiro fue el mejor en esa función y con Kroos y Modric por delante, formaron un trío generacional en la historia del fútbol.

¿Algo circunstancial o la tecla?

El técnico blanco pudo haber dado con la tecla en lo que pareció ser un cambio puntual porque Huijsen no estaba cuajando una buena actuación. Un centro del campo de los jugadores con más técnica en el pase, visión y capacidad asociativa del equipo. Bellingham puede poner su condición física a disposición para la recuperación de balón, acompañado de un Ceballos que mantenga la posición como pivote y un Güler que, si bien tiene que ganar músculo, no le falla el compromiso, aplicable para apoyar en defensa.

Puede ser arriesgado no jugar con un recuperador puro, pero quizá sea la clave para mejorar el sistema ofensivo de los de Arbeloa. Desde luego, puede usarse para diferentes contextos, especialmente en aquellos partidos en los que el rival se encierra atrás y se necesita mucha creatividad para romper las líneas enemigas. En cambio, quizá no sea la mejor opción contra rivales fuertes, pero lo que está claro, es que el Real Madrid está en un momento en el que no pierde nada por probar y ganaría mucho si este centro del campo funciona.


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