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Misión cumplida: la crónica del Manchester City 1-2 Real Madrid

de Sathya Sansó
Real Madrid

El Real Madrid volvía a citarse con la historia en una de esas noches que definen temporadas. En el Etihad Stadium, ante el Manchester City de Pep Guardiola, el equipo de Álvaro Arbeloa afrontaba la vuelta de los octavos de final de la Champions League con una ventaja contundente, pero con una consigna clara: prohibido confiarse. El 3-0 de la ida en el Santiago Bernabéu, marcado por la actuación descomunal de Fede Valverde, colocaba al conjunto blanco en una posición privilegiada.

Arbeloa apostó por la continuidad. Repitió prácticamente el mismo once que firmó la gran actuación en Madrid, introduciendo únicamente a Fran García en el lateral izquierdo por el lesionado Mendy. Además, dejó en el banquillo a Kylian Mbappé, ya recuperado pero sin forzar de inicio. Una declaración de intenciones: equilibrio, orden y confianza en el plan. Así, el Real Madrid saltaba al césped con Courtois; Trent Alexander-Arnold, Rüdiger, Huijsen, Fran García; Tchouaméni, Valverde, Thiago Pitarch, Arda Güler, Brahim; y Vinícius.

Enfrente, el Manchester City de Pep Guardiola presentaba un once con cuatro cambios respecto a la ida. Cherki, Ait Nouri, Nunes y Reijnders partían de titulares. Así, el once que plantaban los locales estaba confromado por: Donnarumma; Nunes, Khusanov, Días, Aït-Nouri; Rodri, Bernardo Silva; Cherki, Haaland y Doku. Con un billete a cuartos en juego, y el FC Bayern Munich esperando rival, los capitalinos se disponían a dar el paso definitivo. Noventa minutos separaban a los blancos de una nueva presencia entre los ocho mejores de Europa.

Una de cal y otra de arena

El partido arrancó con vértigo absoluto. Antes de cumplirse el primer minuto, el Real Madrid ya había avisado. En el 0:55, Fede Valverde tuvo la primera ocasión clarísima tras un gran pase de Vinícius. La jugada nació de una recuperación de Arda Güler, que primero perdió y luego volvió a ganar el balón con carácter. El turco conectó con el brasileño, que filtró al espacio para el uruguayo, dejándolo mano a mano ante Donnarumma, aunque la acción no terminó en gol. El inicio fue eléctrico, pero con un guion claro: el Manchester City salió decidido a arrasar. Presión alta, ritmo altísimo y dominio territorial. Doku comenzó a encarar constantemente a Trent Alexander-Arnold, mientras Bernardo Silva y Rodri pisaban área con peligro. El propio Bernardo probó primero, obligando a intervenir a Courtois, y poco después sería Rodri quien, en el minuto 3, llegaría hasta dentro del área para sacar un potente disparo al primer palo que volvió a exigir al portero belga.

El asedio citizen era total. Reijnders tuvo otra ocasión clara dentro del área, pero Huijsen apareció para bloquear el disparo cuando el gol parecía hecho. El Real Madrid sufría: sin balón, sin ritmo y completamente sometido. Pep Guardiola había diseñado un plan muy claro: cerrar por dentro con Aït-Nouri y liberar toda la banda para Doku, obligando a Valverde y Trent a multiplicarse en ayudas. El área se llenaba de rematadores y el peligro era constante. En el minuto 9, Cherki tuvo otra oportunidad dentro del área tras una acción confusa que terminó en córner. El City empujaba y los de Arbeloa resistían.

A nivel posicional, Tchouaméni y Thiago Pitarch sostenían el eje, con Güler partiendo desde la izquierda y Valverde con libertad total para aparecer por cualquier zona. Precisamente Pitarch empezaba a tener peso en la presión, robando y evitando que el equipo se hundiese aún más. Pero en medio del sufrimiento apareció el golpe. Vinícius tuvo la más clara hasta el momento con un disparo al segundo palo que se estrelló en el poste tras una gran acción individual. El rechace volvió al área, Fran García la metió de nuevo y el propio brasileño remató otra vez, encontrándose con una acción clave: Bernardo Silva sacó el balón con el brazo de forma evidente. El VAR revisó la jugada. Primero un posible fuera de juego, después la mano. Decisión final: penalti y tarjeta roja para Bernardo. Vinícius no falló. Engañó al guardameta y adelantó a los madridistas, celebrándolo con la afición desplazada en el Etihad.

Lejos de venirse abajo, el equipo inglés respondió con orgullo. En la primera acción tras el gol, Haaland tuvo el empate tras un centro de Doku, pero volvió a aparecer Courtois con una parada de puro reflejo. El belga empezaba a imponerse psicológicamente al noruego. El partido seguía abierto. Vinícius tuvo otra ocasión clarísima en transición, dejando atrás a varios rivales, pero su disparo se marchó por encima del larguero. El brasileño estaba siendo imparable… pero impreciso. Con uno menos, los de Mánchester seguían empujando, pero comenzaba a sufrir en las transiciones. 

El encuentro entró en una fase más controlada por los españoles. Con superioridad numérica, los de Arbeloa empezaban a sentirse más cómodos, moviendo el balón y haciendo correr al Manchester City. Incluso la afición blanca se animaba con los “olé” en cada posesión larga. Pero el fútbol no entiende de inercias. En el minuto 40, apareció el empate. Doku superó a Pitarch en banda izquierda, puso el balón atrás, rebotó en Trent y le cayó a Haaland, que solo tuvo que empujarla para hacer el 1-1. Un golpe inesperado en el mejor momento blanco. El Real Madrid se marchaba al vestuario con sensaciones encontradas: había resistido el inicio, golpeado, jugaba con uno más… pero una acción aislada había devuelto la igualdad al marcador. Eso sí, la eliminatoria seguía claramente de su lado.

Resistencia y billete a cuartos

La segunda parte arrancó con movimientos desde los banquillos. Pep Guardiola no se quedó quieto y modificó su estructura: dio entrada a Aké y Guehi por Rúben Dias y Reijnders, pasando a un sistema con tres centrales y carrileros muy abiertos, buscando máxima amplitud y profundidad. Cherki y Doku empezaban a cerrarse por dentro para generar superioridades. También hubo cambio obligado en el Real Madrid. Thibaut Courtois no pudo continuar por molestias y su lugar lo ocupó Andriy Lunin, que no tardaría en entrar en escena.

El ucraniano respondió de inmediato. Haaland tuvo la primera clara tras el descanso con un disparo raso dentro del área, pero Lunin lo detuvo. El rebote volvió a caerle al noruego, que esta vez no acertó con la portería. El guion se mantenía: el Manchester City empujaba y el Real Madrid gestionaba. Los de Álvaro Arbeloa se sentían cómodos con balón, pausando el ritmo y enfriando el partido cuando lo necesitaban. Pero cada vez que se hundían cerca de su área, el peligro aparecía. En ese contexto, los madrileños tuvieron oportunidades para cerrar la eliminatoria. Vinícius volvió a disponer de un mano a mano tras un gran pase de Arda Güler, pero su intento de superar a Donnarumma terminó en choque con el portero. El colegiado no señaló nada. Guardiola siguió moviendo piezas y dio entrada a Semenyo y Marmoush por Haaland y Doku, agotando vías ofensivas en busca de una reacción que nunca terminaba de concretarse.

El partido entró en un ida y vuelta constante. El equipo español no lograba sentenciar, pero tampoco sufría un asedio definitivo. Cuando tocaba defender, lo hacía sin dramatismos; cuando encontraba espacios, generaba peligro. Ahí emergió la figura de Arda Güler, cada vez más protagonista, filtrando pases y dando sentido a cada posesión ofensiva. En el minuto 68, Arbeloa dio entrada a Kylian Mbappé por Brahim. El francés comenzó a intervenir con libertad, bajando a recibir y tratando de activar los ataques desde zonas intermedias. El Real Madrid volvió a rozar el gol. Primero con un cabezazo de Tchouaméni en un saque de esquina que obligó a una gran parada de Donnarumma. Después, el propio Mbappé tuvo su ocasión tras otro córner, pero su remate se marchó fuera.

El City llegó a marcar en dos ocasiones, pero ambas fueron anuladas por fuera de juego. Primero Aït-Nouri, tras un gran centro de Cherki, y más tarde el propio conjunto capitalino vería invalidado un tanto de Fede Valverde, tras una acción en la que Vinícius partía en posición adelantada. Los cambios siguieron sucediéndose. Nico González entró por Rodri, mientras que Arbeloa refrescó su centro del campo con Camavinga y Manuel Ángel por Güler y Pitarch. En el tramo final también ingresó Carvajal por Trent.

El ritmo no bajó hasta el final. El partido se convirtió en un intercambio constante, con un equipo local empujando más por necesidad que por claridad y un Real Madrid que no terminaba de rematar la eliminatoria. Sería en la última jugada donde finalmente sucedería, un centro de Tchouaméni de primeras que remataría Vinicius con su pierna izquierda, superando a Donnarumma. El pitido final confirmó lo que Arbeloa había sabido construir durante 180 minutos: clasificación a cuartos de final de la Champions League. El equipo no necesitó una noche perfecta en el Etihad. Le bastó con competir, resistir y gestionar. Porque en Europa, y más en el Real Madrid, también se gana así.

El Real Madrid pasa así a los cuartos de final de la Champions League, en donde se medirá al Bayern de Múnich. La próxima cita será en el Santiago Bernabéu, el próximo sábado 22 de marzo a las 21:00, frente al Atlético de Madrid.


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