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The Special One vuelve a las andadas en la Champions League

de Carlos Sánchez Pedraza
Jose Mourinho

El Benfica de Mourinho hizo el milagro y se metió en los cruces de Champions. Y lo hizo en el último segundo con un gol de su portero al cabecear un centro al área de Courtois. Un final digno del nefasto encuentro perpetrado por los de Arbeloa, quien se ha dejado en Lisboa el aura y la credibilidad. El partido del Real Madrid, que se quedó fuera del Top-8 con esta derrota, fue sencillamente lamentable. Los lisboetas le crearon ¡16 ocasiones de gol! Un equipo sin estrellas y con más corazón que fútbol retrató a un conjunto merengue que navega al gobierno de un vestuario que elige cuándo correr. Un equipo a la deriva que, sin embargo, sigue vivo en la Copa de Europa, donde ha quedado noveno y se medirá al mismo Benfica o al Bodo Glimt.

Jose Mourinho no podía ocultar la emoción al final del encuentro. El Benfica estaba eliminado en el 96' y se clasificó con un gol del portero en la última jugada del encuentro. Un tanto salvador para el conjunto de la capital portuguesa y para el propio Mou, que admitió que con 3-2 no sabía que necesitaban otro gol para lograr la clasificación. "Cuando hago los cambios creo que estábamos clasificados. Segundos después me dijeron que no... Tuvimos la suerte del balón parado, que Trubin hace un gol histórico. Pienso que muy merecido".

Esto no es cuestión de suerte. Que un portero suba a rematar en el último minuto no es algo improvisado, es reflejo de la confianza que tiene el equipo y de la mentalidad que se les mete desde el banquillo. Mourinho consigue que sus jugadores crean hasta el final, pase lo que pase. Sus equipos no bajan los brazos nunca, ni siquiera cuando todo parece perdido.

Encima lo logró contra el equipo donde hizo historia. Podría haberse encerrado atrás y conformarse con el empate, pero prefirió ir a por el partido sin miedo. Supo leer perfectamente el momento del encuentro, cuándo había que apretar, cuándo arriesgar y hasta cuándo mandar al portero al área porque sabía que esa era la última bala.

Para mí, el mejor entrenador del mundo no es el que juega más bonito, sino el que sabe competir en los momentos más difíciles. Y lo de ayer fue eso: mucha presión, un contexto especial… y aún así Mourinho terminó ganando. Eso está al alcance de muy pocos.


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