Zidane puede romper el vestuario si continúa cayendo en los vicios de Ancelotti

26.04.2017 16:00 de  Nicolás Rein  Twitter:    ver lecturas
Zidane puede romper el vestuario si continúa cayendo en los vicios de Ancelotti
© foto de Real Madrid

Kroos y Cristiano no han viajado a Riazor, una decisión que se ha convertido en habitual y debe hacernos reflexionar. Si algo se le reprochaba a Carlo Ancelotti en su periplo madridista fue su rigidez a la hora de componer el once y el consecuente grupo de futbolistas desmotivados y lejos de su mejor nivel. José Mourinho había instaurado una feroz competitividad interna que fomentó el esfuerzo y desterró la autocomplacencia. Aquel modelo de gestión alumbró a los mejores Coentrao, Benzema y un jovencísimo Varane, pero la prensa sectaria y el conflicto del portugués con ciertos jugadores acabó por romper el vestuario.

Rafa Benítez aterrizó con la vitola de la mesura y con un proyecto demostrado exitoso en otros clubes. No se casó con nadie y la prensa, otra vez, se lo comió. Si a Mou le mataron por su carácter carismático, a Benítez le marginaron por su perfil profesional alejado de lo extrafutbolístico.

Seguramente Zinedine Zidane es el entrenador mejor acogido en la historia del Real Madrid. Primero, por su carácter cordial, amable y elegante; segundo, por ser uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Y Zidane, consciente de ello, fue muy inteligente. Observó los logros de Benítez (Casemiro y Lucas Vázquez) y los hizo suyos; meditó acerca de los últimos años del vestuario blanco y optó por una solución intermedia: valerse del tremendo respeto que el madridismo -plantilla incluida- le procesaba para tomar decisiones difíciles. Véase, obligar a Cristiano a descansar, dar la titularidad a Casemiro, conceder más galones a Varane y Nacho o aplicar una política de rotaciones. Todo lo que hubieran querido hacer en paz José y Rafa, pero sin ser odiado como el primero ni apartado como el segundo.

Sin duda, una gestión exitosa: mantener motivados y con pocos minutos a James, Isco, Morata o Varane es un logro considerable. Pero esto ha cambiado. Zidane, como Carlo, se ha acomodado y ha optado por una decisión peligrosa: partir la plantilla en dos equipos. Los suplentes juegan los partidos ‘fáciles’ de Liga y Copa y los titulares todo lo demás sin posibilidad –salvo lesión- de que alguien del ‘segundo equipo’ promocione al ‘primero’ por méritos deportivos. ¿Qué acaba ocurriendo? Que desaparece la competitividad porque todos sabemos quién jugara en cada partido e incluso cuáles serán los cambios. Los futbolistas no tienen ninguna motivación para mejorar, pues Zidane ha convertido el vestuario en una sociedad estamental, con privilegiados y pueblo llano. Unos duermen, los otros son adormecidos y, mientras, el ladrón se mete hasta la cocina.